Por Alejandro Delgado Morales
Una bocanada de aire fresco fluye desde los cerros tucumanos en medio de una sociedad teñida de intereses distorsionados, carreras por acumulación de riquezas y agroquímicos que erosionan vidas. En lo alto de Rodeo Grande, a siete kilómetros de Tafí del Valle, una mujer se abraza a la tierra como “guardiana de semillas y tradiciones ancestrales”. Ángela Romano es tafinista de nacimiento y agricultora. Se define como productora agroartesanal: “Lo mío es de otra manera, no sé si tengo sueños muy limitados, pero para mí es una forma de vivir”, reflexiona ante turismo180grados mirando a los ojos con una profundidad notable, en medio de una ecohuerta orgánica, sin agrotóxicos y 100% autosustentable.
Ángela abrió la tranquera, recibió con un cálido saludo y ahí mismo ya pudo sentirse algo especial…
“¡La vida festejemos, agradeciendo a la tierra, la abundancia que tenemos, joi joi joi joi joi!”, canta y contagia. Su madre, una pastora que vivía en los cerros, la dejó al cuidado de su abuela cuando Ángela tenía 8 años y, al fallecer la mujer, quedó con el esposo, quien le enseñó todo lo que sabe.
La casa del tata
El destino quiso que el lugar donde hoy vive le fuera regalado. Ella lo bautizó como “La casa de mi tata”, en honor a sus raíces. Ahí, en un campo de más de dos hectáreas, cultiva maíz, diversas variedades de porotos y verduras, todos productos regionales que cosecha para vivir junto a su marido. Gracias a esta actividad, criaron a sus cinco hijas.
Laicrimpo
En el invierno de 2008, una pareja de turistas la alentó a conocer el Movimiento Nacional y Latinoamericano de Salud Laicrimpo. En ese entonces Ángela organizaba junto a otras mujeres tafinistas un encuentro de conservación y rescate de maíz con el INTA.
“En esos eventos, escuché por primera vez que con mi trabajo estaba defendiendo la vida y desde 2009 soy alumna con asistencia perfecta”, cuenta la mujer.
Desde entonces, su compromiso con la agroecología se fortaleció. “Nuestro objetivo es guardianar las semillas que usamos, semillas criollas que no compramos”.
También forma parte del Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (Maela), donde dicta talleres y comparte experiencias con muchas mujeres que, como ella, trabajan la tierra de manera sustentable.

La actualidad
Hasta hace un tiempito, Angela y su esposo trabajaban en una chacra de dos hectáreas, pero ahora, con más de 70 años cada uno, decidieron limitar el cultivo a una porción menor. “Somos mayores y nos cansamos más que antes, así que decidimos, hace unos años, sembrar sólo la parte más pequeña de tierra”, dice y cuenta que sus hijas ya están criadas, todas son profesionales universitarias. “Siempre hicimos un buen equipo con mi esposo, somos compañeros”, remarca.
Reconocimiento
En reconocimiento a su labor, en 2024 fue candidata a la distinción otorgada a las mujeres rurales del país en el primer Foro Internacional de Género y Ruralidad. Además, en abril de 2024 representó a la Argentina en el Encuentro Mundial por la Salud del Pueblo en Mar del Plata, donde participaron cientos de exponentes de 67 países.
Por delante tiene una invitación para participar en un encuentro en Perú y dice “no sé si podré ir, vamos a ver”.
Turismo sanador
En “La casa de mi tata”, el turismo tiene un significado especial. Angela cuenta que los visitantes tanto del país como extranjeros gustan de participar de actividades y llegan a trabajar y compartir buenos momentos con Ángela, sembrando y cosechando, a cambio de hospedaje.
Los turistas recorren todas las plantaciones del campo, la anfitriona les explica cada producto que tiene y cómo los produce, los invita a caminar entre el maizal, a oler las plantas aromáticas que crecen naturalmente, describe las propiedades medicinales de cada una y cómo las consumen.
“Todo lo que crece en la tierra sirve, se agradece. Si vemos simplemente parece maleza, pero no lo es”, explica.
Policultivo
La milpa, el policultivo que tiene Ángela, incluye maíz, porotos de diferentes variedades como pallar blanco y negro, el jaspeado, alubias rojas, poroto negro brasileño y porotos blancos boca azul; además, zapallos y verduras.
“Ser campesina no es motivo de vergüenza. Yo aliento a otras mujeres a transmitir sus conocimientos. Somos importantes”, remarca.
Las cosas importantes de la vida
Angela Romano es una expresión de que no todo está perdido, que el camino hacia la destrucción del mundo tiene oposición desde múltiples rincones. Hay que visitar Tafí del Valle e ir a conocerla para descubrir y/o redescubrir las cosas realmente importantes de la vida.


