Por Alejandro Delgado Morales

Puerto Iguazú es conocido y reconocido en el mundo por sus maravillas naturales expresadas en las Cataratas y bellezas multicolores. Conocer Iguazú indudablemente dispara los sentidos y potencia los sentimientos, aunque también, abre las puertas a lo más profundo, a las raíces, a la madre tierra y a sus habitantes originarios que al correr de los años lograron mantenerse de pie frente a un paso del tiempo brusco, áspero y depredador. Alcides Ojeda, un activo miembro de la comunidad Yryapú, compartió con turismo180grados un sustancioso rato de su día en “La Reserva” y expuso un presente que recorre el filoso equilibrio entre las tradiciones, los derechos y la modernidad.

Alcides, sobre todo, transmite paz, esa paz que no abunda en tiempos de inmediatez, Inteligencia Artificial y las apariencias. Tiene 39 años y con su compañera de vida tienen 5 hijos. Su especialidad es la agro ecología (se ha capacitado en diferentes lugares), oficia de guía, aborda distintas aristas turísticas y se precia de ser un “buen” zaguero en la rojiza cancha de fútbol que tiene la aldea.

Tupá, “hijo de Dios”, es su nombre espiritual (se atribuye a través de una ceremonia sagrada de bautismo llamada mitá ery, oficiada por el guía espiritual o líder religioso – opyguá).

La Reserva

Cuenta con 600 hectáreas de vegetación nativa que forman parte del ecosistema del Parque Nacional Iguazú. Alberga árboles centenarios de más de 400 años de antigüedad, como el Palo Rosa y la Caña Fístola.

Conviven en el territorio comunidades de la etnia Mbya Guaraní, que preservan su cultura y ofrecen paseos artesanales y culturales.

La zona funciona como un polo hotelero integrado a la selva, donde los alojamientos lodges se construyen con criterios de bajo impacto ambiental para convivir en armonía con la naturaleza. Y esto es todo un tema…

Comunidades en la reserva

Aldea Yryapú: Es la comunidad principal que lleva el nombre de La Reserva y recibe visitantes.

Yasy Porâ (Luna hermosa): Aldea instalada dentro del mismo predio natural.

Ttá Poty: Comunidad que comparte el territorio protegido.

Tupá Mbae: Otra de las aldeas asentadas en la zona de selva.

El difícil equilibrio

Este equilibrio refiere a dos escenarios: 1) El ingreso en las 600 hectáreas Yryapú de los emprendimientos turísticos que alteraron el escenario natural y forzó a modificar movimientos de las comunidades y 2) El cruce de las tradiciones, costumbres y estilo de vida original con la modernidad.

Sobre el despliegue de espacios hoteleros, no provocaron beneficios concretos para la vida diaria de las comunidades originarias y esto forma parte de un día a día de búsqueda de equidad, según contó Alcides.

Respecto de la modernidad, el referente de la comunidad reconoce cómo conviven con el presente de celulares y todo lo que de ellos se desprende, en el movimiento de los jóvenes de la comunidad.

La aldea

“Somos 180 familias, unas 800 personas y cada familia tiene su chacra, que no tiene un límite determinado”, reseña Alcides.

Cuenta sobre el día a día basado en trabajo y más trabajo. Todo natural, acomodando las cosas a lo que la selva mande.

Una escuela primaria bilingüe (guaraní, español), una secundaria que suma al guaraní y el español el portugués y el inglés) y un tercriario que complementa un ciclo educativo con orientación agro ecológica y turística.

Una cancha de fútbol reluce frente a la escuela primaria y es escenario de partidos y torneos de equipos con 9 jugadores. Cerquita, una red de vóley con altura reglamentaria sobresale en el paisaje coronado por gallos y gallinas que no se fijan mucho en los límites, pero que se corren cuando comienza a girar una pelota.

Debajo de una frondosa arboleda, aparecen unas cañas tacuaras colocadas en un lugar destacado y ahí, en medio del canto de los pájaros, es el ámbito donde ensaya el coro de la aldea. Toda una pintura.

Un “centro de visitantes” y espacio comunitario se ubica en el corazón de la aldea: Se trata de un espacio de capacitación, realización de talleres (pintura y cine) y charlas y, también, de recepción de turistas a los que se les comparte todo tipo de información.

Y el OPY, el espacio donde la comunidad se reúne para realizar rituales, cantos sagrados, bautismos e imposición de nombres en idioma.

Entre vegetación, trampas y tradiciones

Caminando por la aldea en la mañana recargada de humedad producto de una tormenta que dejó rastros, Alcides mostró varias de las antiguas trampas para animales de todos los tamaños que por años y años usaron (algunas usan) en la comunidad. De igual manera, se detuvo en principales exponentes de la vegetación exuberante para identificar plantas y árboles de las cuales, en diversos casos, utilizan hojas o raíces para generar infusiones y ungüentos medicinales.

«Primero recurrimos a nuestras plantas, a nuestra medicina, y si no llegara a solucionar un problema, recién entonces vamos a la sala sanitaria de la aldea en la que disponemos, entre otras cosas, del servicio de vacunación», contó.

Como es de imaginar, serpientes, arañas y demás habitan la selva y para cualquier ciudadano de a pie suele resultar un peligro, pero no para los guaraníes: «cuando nos bautizan, el chamán utiliza agua, brotes y cáscara de cedro para esparcir las bendiciones sobre la cabeza y el cuerpo de los niños, los adultos y las plantaciones. Esto nos protege y las víboras o las arañas no nos tocan, porque sienten que formamos parte de la naturaleza», relata.

Año Nuevo

Cada 21 de septiembre se celebra el Año Nuevo en la cultura guaraní, una fecha que marca el inicio de un nuevo ciclo en el que la vida, adormecida en la época invernal, vuelve a surgir en todo su esplendor.

Con el inicio de la primavera, el vínculo ancestral con el entorno natural se renueva, retornando en colores, en sonidos, y en sabores que dan una nueva oportunidad de conectar con nuestra Tierra.

Los próximos años

Todos los caminos permiten pensar en que La Reserva (como tantos ambientes naturales) seguirá siendo buscada para la instalación de emprendimientos. Productos de confort, esparcimiento y turismo de naturaleza son impulsados en base a potentes respaldos económicos. Así, el equilibrio citado seguirá estando en juego. Quienes descreen en la necesidad de preservar territorios e incluso llegan al punto de desconocer el cambio climático, abundan. También, quienes anteponen sus intereses a los de comunidades originarias, forman parte de una realidad cotidiana. Los guardianes de la tierra, en tanto, siguen de pie.