Por Alejandro Delgado Morales
¿Qué decir de Río de Janeiro que no se haya dicho? Por lo pronto, que bien puede ser considerada como la capital mundial del uso de camisetas de fútbol (dominando el escenario las del Flamengo y de la selección de Brasil); que sostiene una notable circulación de cerveza por cápita que la ubica en el podio de la consumición internacional; que tienen tantas farmacias que no deja de llamar la atención; que las monedas tienen valor (algo que llama la atención en especial a un argentino medio) y, eso sí, que el contraste social es brutal…
Río no se duerme en los laureles conquistados que le valieron el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad por su «Paisaje Cultural Urbano»; quienes tienen responsabilidades turísticas sostienen una promoción a escala global, a tono con la competencia que tiene entre tantos destinos brasileros que se destacan por sus bellezas, confort y nuevas propuestas.

El Cristo Redentor, que acaba de celebrar su aniversario 95; el Pan de Azúcar; las playas tradicionales; el mítico estadio Maracaná y el energizante barrio de Lapa con su Escalera Selarón y sus noches mágicas, resultan los abanderados junto con las especiales celebraciones carnavalescas. Río tiene con qué y se mueve con independencia del futuro político de Brasil.
«Siempre hay algo por conocer en Río», expresan voces oficiales del sector turístico sin querer simplificar con una frase sencilla la coyuntura del destino. Y resulta así nomás. La dinámica carioca genera espacios permanentes merecedores de ser descubiertos, reconocidos y explorados.

Puentes
El fútbol tiende puentes para un amplio espectro de visitantes. Las múltiples expresiones culturales, hacen lo propio. La gastronomía y los tragos tradicionales tienen sus rincones ineludibles. El desprejuicio dominante aporta lo suyo.
Alegría
Desde siempre se ha asociado a Río de Janeiro con la «alegría» y así, esta frase consiguió ser derramada por doquier. Está claro que un turista va en búsqueda de todo aquello que lo reconforte y, en general, no se detiene en tantísimas personas que circulan como almas en pena por cada rincón de la ciudad. La pobreza se manifiesta de una manera explícita y doliente.

Lapa
Lapa es el corazón bohemio y de la vida nocturna de Río de Janeiro, reconocido como la «cuna» de la cultura y la música de la ciudad. Dicho de otra manera, es un barrio que debe ser conocido tanto de día como, especialmente, de noche. Un espacio energizante, diverso, relajante, muy divertido.
¿Hay que ir a Río de Janeiro? Decididamente SI, aunque sea por quinta, sexta o séptima vez. Configura una experiencia que se renueva en cada visita o sorprende para el caso de una primera vez.

