Cuando se habla de los paisajes de Neuquén, las primeras imágenes que suelen aparecer son la Ruta de los Siete Lagos, Villa La Angostura o San Martín de los Andes. Sin embargo, hacia el norte de la provincia se extiende otra cordillera, de perfiles diferentes, donde las montañas, los valles y la estepa patagónica conviven con pueblos que conservan tradiciones propias.
Es la tierra de los trashumantes, los pirquineros, el chivito y el ñaco. Una región donde el paisaje es apenas una parte de la experiencia: la historia y la cultura también forman parte de lo que distingue al Alto Neuquén.
La puerta de entrada es Chos Malal, la primera capital del territorio neuquino. Allí, la historia provincial convive con una de las celebraciones más representativas de la región: la Fiesta Nacional del Chivito, la Danza y la Canción, donde la gastronomía y la música folclórica reúnen a vecinos y visitantes. La costanera sobre el río Curi Leuvú y el hito de la mitad de la Ruta Nacional 40 completan la visita.

De los tulipanes a las cumbres
Huinganco, conocido como el Jardín del Neuquén, ofrece una postal particular cada primavera, cuando sus tulipanes florecen entre octubre y noviembre. Pero el pueblo también atrae a quienes buscan una experiencia más exigente en la montaña.
El cerro Corona es uno de los desafíos para los amantes del trekking. La travesía tiene una dificultad alta y demanda unas ocho horas, incluido el descenso. El recorrido alcanza un hito situado a casi 3.000 metros de altura y acompaña un arroyo de agua cristalina que desciende desde una laguna cercana a la cima.
A unos 24 kilómetros hacia el oeste se encuentra Los Miches. Junto con Andacollo, Las Ovejas, Varvarco y Manzano Amargo, integra un conjunto de localidades desde el que se descubre la diversidad del norte neuquino. Los valles y la estepa se alternan con ríos, arroyos, lagunas y mallines, bajo el perfil de la Cordillera del Viento.
Los Pincheira y las historias que esconde el norte
En el norte neuquino, las áreas naturales protegidas no solo se destacan por sus paisajes. Algunas también están vinculadas con episodios históricos y leyendas que todavía despiertan curiosidad. Es el caso de Epu Lauquen y de Domuyo, dos lugares donde las historias de los hermanos Pincheira forman parte de los relatos asociados a la región.
A unos 45 kilómetros de Las Ovejas se encuentra el Área Natural Protegida Epu Lauquen, reconocida por sus lagunas y sus bosques de roble pellín y lenga. El lugar también aparece ligado a uno de los episodios más representativos de la historia regional: el enfrentamiento de 1832 entre la banda de los hermanos Pincheira y el ejército de Bulnes, considerado por algunos historiadores como la última batalla por la independencia argentina.
La historia tiene un costado todavía más inquietante. La violencia del enfrentamiento fue tal que la sangre tiñó de rojo las aguas de las lagunas. El lugar también alimenta otra historia que atraviesa generaciones. Hay quienes sostienen que aún hoy, se encuentra escondido el tesoro de los hermanos Pincheira en algún punto del bosque.
Los relatos sobre esta banda también aparecen en el Área Natural Protegida Domuyo, situada a unos 15 kilómetros de Varvarco. En las inmediaciones del volcán Domuyo, el punto más alto de la Patagonia. El paisaje reúne aguas calientes, géiseres y formaciones rocosas de características singulares.

Entre ellas se encuentran Los Bolillos, un conjunto de formaciones que sobresale por sus formas y por las historias que se le atribuyen. Según los relatos asociados a la zona, los hermanos Pincheira utilizaban estas cavernas como escondite y mantenían cautivas a mujeres. A ese pasado se suma otro sitio de memoria: el llamado Cementerio de la Peste, un terreno donde fueron enterradas personas fallecidas durante una epidemia en 1930.
Hoy, el recorrido por esta zona combina el interés por la geología con las historias que acompañan al lugar. La visita incluye incluso una experiencia gastronómica poco habitual: almorzar chivito del norte neuquino en una de las cavernas. Así, las montañas y las formaciones rocosas se convierten en el escenario de un recorrido que reúne naturaleza, historia y sabores regionales.

El chivito, mucho más que un plato típico
La identidad del norte también se conoce a través de sus sabores. El chivito del Norte Neuquino es uno de los productos emblemáticos de la provincia y el primero de Argentina en obtener una denominación de origen. Su importancia está ligada a la actividad rural y a las prácticas productivas que caracterizan a la región.
La gastronomía local incluye además ñaco, chupilca, mote y quesos caseros elaborados con leche de cabra o de vaca. Los dulces de Huinganco, las conservas de chivo y la trucha fresca completan una cocina que conserva productos y preparaciones tradicionales.
Las costumbres también se expresan en las construcciones de adobe, los mitos y las leyendas, las cuecas y las tonadas folclóricas. Las fiestas campesinas, productivas y trashumantes mantienen vivas esas expresiones y permiten conocer una cultura estrechamente vinculada con la cultura local.

Cómo recorrer el Alto Neuquén
La región recibe visitantes durante todo el año, aunque la primavera y el verano ofrecen condiciones especialmente favorables para el trekking y para acampar, con días más largos y noches más cálidas. Entre octubre y noviembre, Huinganco suma el atractivo de sus tulipanes en flor.
Para organizar una estadía de varios días, hay hosterías administradas por la provincia en Huinganco, Los Miches, Varvarco, Manzano Amargo y Las Ovejas. Estos establecimientos cuentan con equipamiento y restaurantes que incorporan productos típicos de la región, y permiten distribuir el recorrido entre distintas localidades.
El Norte Neuquino reúne experiencias muy diferentes en un mismo territorio: ascensos de montaña, áreas naturales protegidas, pueblos con historia, gastronomía regional y relatos que atraviesan generaciones. Es una alternativa para quienes quieren conocer otra cara de Neuquén, más allá de los circuitos turísticos habituales.


