Hace ya varios años que ONU Turismo impulsa la iniciativa Best Tourism Villages, cuyo objetivo es distinguir a aquellos pueblos del mundo que se destacan como destinos de turismo rural y cuyos bienes, recursos culturales y naturales resultan ampliamente reconocibles para los visitantes. A través de esta propuesta, el organismo internacional busca preservar y promover valores, productos y estilos de vida basados en la comunidad. Por primera vez, una localidad tucumana, junto a otros siete pueblos argentinos, fue seleccionada para representar al país en la competencia que, a fin de año, elegirá al mejor pueblo turístico del mundo. Se trata de Tafí del Valle.
Ubicada a 2.000 metros sobre el nivel del mar y con alrededor de 8.800 habitantes, Tafí del Valle es uno de los asentamientos más antiguos del país. Reúne tradiciones ancestrales, historia jesuítica, gastronomía regional y una fuerte identidad ligada a las comunidades originarias que aún perduran en la vida cotidiana del valle.

Su nombre original, Taktillkta, proviene de la lengua ancestral cacán, hablada en la región por diaguitas y calchaquíes, y significa “Pueblo de la Espléndida Entrada”. Esto se hace evidente desde el primer instante: el visitante es sorprendido por la inmensidad del Dique La Angostura, enmarcado por el imponente cerro Ñuñorco. Incluso el camino hacia Tafí constituye una experiencia en sí misma. Se recorre una de las rutas más escénicas de la Argentina, la Ruta Provincial 307, que despliega más de 1.200 curvas y contracurvas mientras el paisaje muta desde la exuberancia de las yungas hasta la aridez característica del valle.
El hechizo de Tafí del Valle continúa durante toda la estadía a través de su riquísimo patrimonio cultural e histórico. Entre sus imperdibles se encuentran las estancias jesuíticas, los tambos y el Museo Jesuítico de La Banda, que permiten adentrarse en el pasado y en la tradición quesera de la región. Otra de sus joyas es la Ruta del Artesano, un circuito autoguiado que recorre talleres donde es posible conocer técnicas de trabajo en telar con tintes naturales, piedra y arcilla, transmitidas de generación en generación por las familias vallistas. A ello se suma una gastronomía regional que invita a degustar empanadas, humitas, tamales y locro en cada rincón del valle.
Asimismo, Tafí del Valle constituye la puerta de entrada para descubrir toda la magia del Valle Calchaquí tucumano. Muy cerca se encuentra El Mollar, hogar del Museo Arqueológico a Cielo Abierto Los Menhires, donde pueden contemplarse las huancas, monumentos ancestrales pertenecientes a la cultura Tafí.
Siguiendo por la Ruta 307 se llega a Amaicha del Valle, cuna de la Pachamama. Allí esperan la Bodega Comunitaria Los Amaichas, una de las pocas del mundo administradas por una comunidad originaria, y el desierto de Tiu Punco, que ofrece la posibilidad de recorrer un paisaje lunar sin abandonar la Tierra. Unos kilómetros antes se alza el Observatorio Astronómico de Ampimpa, que invita a descubrir la inmensidad del cielo tucumano.

Más allá de Amaicha aparece una de las grandes joyas del valle: la Ciudad Sagrada de Quilmes, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del continente. Desde allí comienzan a desplegarse los viñedos que dan origen a la Ruta del Vino de Altura de Tucumán.
Por último, el valle tucumano brinda la posibilidad de experimentar el turismo rural comunitario en destinos como Talapazo y El Pichao, donde los visitantes pueden compartir y conocer de cerca la cotidianidad de sus anfitriones.

